Cada 4 de enero el mundo conmemora el Día Mundial del Braille, una fecha que va mucho más allá de un calendario simbólico. Es una jornada para recordar que la lectura no solo entra por los ojos, también puede sentirse, descubrirse y comprenderse a través del tacto. Y, sobre todo, es un recordatorio de que el acceso a la información es un derecho, no un privilegio.

 Un lenguaje que nació de la oscuridad para darle luz a millones

El sistema Braille fue creado por Louis Braille, un joven francés que perdió la vista a los tres años y que, con apenas 15, revolucionó la forma en que las personas ciegas podían conectarse con el conocimiento. Inspirado en códigos militares táctiles, desarrolló un método basado en seis puntos en relieve que permiten formar letras, números, signos y hasta expresiones matemáticas y musicales.

El Braille no es simplemente un código. Es una herramienta de independencia, dignidad y empoderamiento. Gracias a él, millones de personas con discapacidad visual han podido aprender a leer, estudiar, trabajar, acceder a la cultura y participar plenamente en la sociedad.

Más vigencia que nunca en plena era digital

Aunque vivimos rodeados de pantallas, dispositivos inteligentes y asistentes de voz, el Braille sigue teniendo un rol irremplazable.
Organismos internacionales como la ONU y la OMS recuerdan que, a pesar de los avances tecnológicos, todavía existen grandes brechas de acceso a información inclusiva. El Braille es clave para garantizar:

Educación inclusiva real, acceso a la información sin intermediarios, autonomía en la vida diaria, Inclusión laboral y académica, participación cívica y cultural

Hoy existen libros en Braille, etiquetas en medicamentos, menús accesibles, señalética táctil en edificios, cajeros adaptados y dispositivos electrónicos que combinan tecnología y puntos en relieve. Sin embargo, todavía no es suficiente.

 La realidad de la discapacidad visual

En el mundo, más de 2,200 millones de personas tienen discapacidad visual o ceguera, según la Organización Mundial de la Salud. Muchas de ellas enfrentan barreras educativas, laborales y sociales simplemente porque no existen políticas públicas suficientes, ni recursos, ni conciencia ciudadana.

El problema no es la ceguera.
El problema es la falta de accesibilidad.

Braille en las escuelas: una deuda pendiente en muchos países

El acceso temprano al Braille es determinante. Cuando un niño ciego o con baja visión aprende Braille desde pequeño, sus posibilidades de desarrollo se multiplican. Pero en muchos países, la falta de docentes especializados, recursos y políticas sostenidas limita ese derecho.

Garantizar materiales educativos en Braille, capacitación docente y entornos accesibles no es un acto de caridad: es justicia social.

 Un lenguaje que también construye autoestima

Quienes utilizan Braille coinciden en algo: no se trata solo de leer. Se trata de sentirse parte del mundo. Poder firmar, estudiar, elegir, comprender un documento, leer por placer, escribir poesía, tomar notas, aprender matemáticas. El Braille no solo da información, da identidad.

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