Amelia Alcántara, Vitaly Sánchez, Caro Brito, Candy Flow, Karen Yapoort, Yailin la Más Viral han y otras sido víctimas del recurso al ser convertidas en personajes de historias creadas digitalmente.
En las redes sociales dominicanas, la Inteligencia Artificial (IA) ya no es solamente una herramienta para crear imágenes sorprendentes o transformar fotografías. También se ha convertido en una nueva forma de contar historias, parodiar situaciones y construir una especie de universo paralelo en el que figuras conocidas de la televisión, la música y las redes sociales aparecen protagonizando escenas que nunca ocurrieron.
Los rostros de influencers locales como Amelia Alcántara, Vitaly Sánchez, Caro Brito, Jenn Quezada y Candy Flow han sido utilizados como referencia para contenidos que juegan con la ficción, el humor y la cultura de la farándula dominicana.
Son las llamadas “novelas” o “series virtuales”, piezas que aprovechan la familiaridad del público con estas figuras para construir relatos que pueden resultar incómodos, difíciles de ver y hasta llegar a hacer pensar que podrían tratarse de actuaciones reales de esas personalidades, especialmente cuando las imágenes, voces y escenarios alcanzan un alto nivel de realismo.
OPINIONES DEL ESPECIALISTA JAVIER MOLINA
Tomando en cuenta la línea fina que se traza entre la creación de estas parodias y el permiso que algunas figuras puedan otorgar al uso de su imagen para la creación de estas ficciones, Javier Molina, especialista en Marketing, Publicidad e Inteligencia Artificial, explica que primero debemos entender qué hace realmente esta tecnología con el rostro humano.
“La IA no ‘entiende’ a la persona. La convierte en datos”, explica. Una fotografía puede ser suficiente para conseguir una semejanza creíble, mientras que un conjunto mayor de imágenes permite construir un modelo cada vez más ajustado a los rasgos de una persona. El resultado, advierte, no es simplemente una fotografía retocada, sino “una imagen nueva que nunca existió, pero con una cara real”.
Ese proceso también explica por qué resulta cada vez más sencillo crear videos, fotografías o audios capaces de hacer parecer que una persona dijo o hizo algo que jamás ocurrió.
“Demasiado fácil”, responde Molina cuando se le pregunta qué tan accesible es actualmente este tipo de manipulación. Lo que antes requería conocimientos técnicos, equipos especializados y horas de trabajo puede realizarse hoy con una aplicación, una fotografía y unos segundos de audio. “La barrera ya no es técnica. Es ética.”
El entretenimiento ocupa un espacio importante en esta discusión. La cultura digital siempre ha utilizado a las figuras públicas como materia prima para la sátira, los memes y la parodia. La llegada de la IA. Sin embargo, permite que esa representación sea mucho más realista.
Molina distingue entre tomar a una persona como inspiración y fabricar una versión de ella. En el primer caso se puede utilizar una estética, una composición o una idea como referencia. En el segundo, se crea una situación en la que parece que la persona realmente participó. “Ahí ya no estás creando contenido. Estás fabricando una versión falsa de alguien”, sostiene.
VOZ DEL ABOGADO JAIME SENIOR
Para el abogado Jaime Senior, experto en Inteligencia Artificial, que se trate de una figura pública no significa que sus derechos desaparezcan. “Cambia la ponderación, pero la persona conserva sus derechos”, explica. Una persona con exposición pública está más sometida a la crítica, al debate y a la información relacionada con su actividad, pero eso no significa que exista una autorización para fabricar testimonios, declaraciones o escenas en su nombre.
La diferencia, a su juicio, es particularmente importante entre una parodia que puede ser reconocida como tal y un contenido realista capaz de hacer creer que una figura pública recomendó una inversión, confesó un delito o protagonizó una situación que nunca ocurrió.

En esos casos, la notoriedad no equivale a consentimiento. El límite se vuelve todavía más delicado cuando las herramientas de IA utilizan conflictos sentimentales, familiares o situaciones personales como material para construir nuevas historias.
Tal es el caso de las versiones que circulan en Redes Sociales alrededor de Karen Yapoort y Edwin Encarnación o las controversias familiares que involucran a Yailin La Más Viral y su madre, Wanda Díaz, que se han convertido en material para contenidos digitales.
La posibilidad de imitar voces, vestuarios, gestos y rasgos físicos puede hacer que una ficción resulte suficientemente convincente como para confundir al público sobre qué ocurrió realmente y qué pertenece exclusivamente al terreno de la creación digital.
Senior explica que atribuir a una persona palabras, comportamientos o situaciones que nunca ocurrieron puede afectar derechos como la propia imagen, el honor, el buen nombre y, dependiendo del contenido, la intimidad. Estos derechos están reconocidos por el artículo 44 de la Constitución dominicana.
La Ley 65-00 sobre Derecho de Autor también contempla protecciones relacionadas con el retrato y las fotografías.
Su artículo 52 establece que una persona puede impedir, con las excepciones previstas por la ley, que su busto o retrato sea exhibido o puesto en el comercio sin su consentimiento expreso.
“Publicar una fotografía no es regalar tu identidad”, advierte Molina. El hecho de colocar una imagen en Instagram permite que otros la vean, pero no significa automáticamente que cualquier usuario pueda utilizarla para crear nuevas escenas, declaraciones o situaciones. Senior coincide con esta distinción: una persona puede permitir la circulación de una fotografía sin estar autorizando que su identidad sea utilizada para generar nuevos contenidos mediante inteligencia artificial.
En el entretenimiento, una parodia puede ser entendida como tal cuando su estética, contexto o presentación deja claro que se trata de ficción. El problema aparece cuando esa distancia desaparece. La intención de entretener, explica Senior, no determina por sí sola que un contenido sea legal. Deben analizarse el material, la existencia o no de consentimiento, la posibilidad de que el público lo confunda con un hecho real y los derechos que puedan resultar afectados.
Incluso una etiqueta que diga “creado con IA” no necesariamente elimina la responsabilidad si el contenido resulta humillante o comprometedor. El riesgo también está en la velocidad con que circulan estos contenidos.
“La mentira viaja más rápido que la aclaración”, señala Molina. Una pieza falsa puede alcanzar miles de personas antes de que la persona involucrada tenga oportunidad de explicar que nunca dijo o hizo aquello que aparece en pantalla. El daño puede alcanzar su reputación, sus relaciones familiares e incluso su actividad profesional.
Un ejemplo reciente fue la reacción generada en redes sociales alrededor de un video publicado por el exbeisbolista dominicano Edwin Encarnación, en el que hablaba sobre su situación sentimental con su actual esposa, Karen Yapoort. Ante el contenido, algunos usuarios cuestionaron su autenticidad y señalaron que podía tratarse de inteligencia artificial, debido al mensaje, su postura y su mirada.
El episodio evidencia una nueva paradoja: la IA no solo puede hacer pasar una ficción por realidad; también puede provocar que la realidad sea recibida con sospecha.
En República Dominicana, el debate legal también está evolucionando junto con la tecnología. Senior explica que la responsabilidad podría alcanzar a distintas personas dependiendo de su participación: quien crea el contenido, quien lo publica o quien lo difunde. La responsabilidad, sin embargo, no se atribuye automáticamente a todos los involucrados, sino que debe determinarse qué hizo cada persona y bajo qué circunstancias.
El nuevo marco penal dominicano contempla disposiciones relacionadas con contenidos ilícitos difundidos mediante imágenes, audios o montajes, aunque la aplicación concreta dependerá de las características de cada caso.
Para Molina, mientras las plataformas avanzan en mecanismos de identificación, la tecnología todavía va por delante de la capacidad de detectar sus resultados. Existen marcas, metadatos y etiquetas para determinados contenidos generados por IA, pero estos mecanismos no son infalibles, “hoy ningún sistema lo detecta todo. La primera defensa sigue siendo el criterio de quien lo ve.” Afirma.
La inteligencia artificial está abriendo una nueva frontera para la creación de contenidos. Las “novelas” virtuales protagonizadas por figuras conocidas, los videos humorísticos y las parodias pueden convertirse en una expresión más de la cultura digital dominicana. Pero cuanto más realista resulta la representación, más importante se vuelve distinguir entre una ficción evidente y una falsificación capaz de alterar la percepción que el público tiene sobre una persona.
Para Senior, el país cuenta con herramientas jurídicas para enfrentar parte de estos casos, pero todavía existen desafíos relacionados con la identificación de responsables, la preservación de pruebas digitales, la velocidad de respuesta de las plataformas y la necesidad de establecer reglas más claras para las réplicas digitales.
En una industria del entretenimiento acostumbrada a convertir la vida de sus protagonistas en conversación pública, la inteligencia artificial pone en la mira los permisos sobre la imagen, la creatividad desarrollada y las acciones que se toman ante la creación visual de estas historias, en muchos casos personales de quienes se mantienen bajo el ojo público. Porque una cosa es utilizar la tecnología para imaginar una ficción y otra muy distinta es hacer que una ficción parezca la vida de alguien.
En ese sentido nos deja claro una cosa: lo que se sube a internet puede hacerse público, pero la identidad de una persona sigue siendo suya.
