El ADN musical del pueblo dominicano está hoy de fiesta. Este martes se celebra el Día Nacional del Merengue, un ritmo en el que hay apellidos que se escuchan antes de que suenen los instrumentos. Son nombres que pesan, historias que se pasan de generación en generación y ritmos que algunos aprendieron antes que a montar bicicleta.

En un país donde el merengue se siente tan propio como el arroz con habichuelas o el plátano, varios hijos de los grandes íconos crecieron entre tarimas, estudios de grabaciones, bailes y ensayos… y terminaron diciendo: “yo también soy merenguero hasta la tambora”.

Jandy Ventura, Rafely Rosario, Zulinka Pérez, entre otros, han seguido las huellas de sus progenitores y mantienen sus pisadas fuertes en el ritmo declarado por la UNESCO hace nueve años (1 de diciembre de 2016) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Cada uno con su estilo, claro está, pero todos con la misma misión: mantener viva una tradición que empezó con sus padres y que ahora les toca empujar hacia adelante.

JANDY VENTURA

Ser hijo de Johnny Ventura no es tarea sencilla para seguir sus pasos en el merengue, pero Jandy con el tiempo lo fue logrando. Tras la muerte de su padre, el 28 de julio de 2021, asumió su legado musical y relanzó una carrera bajo el concepto denominado “El Legado”, el proyecto que honra y actualiza la obra del Caballo Mayor.

Con nuevos arreglos, colaboraciones y conciertos que mezclan los grandes éxitos de Johnny con sonidos actualizados, Jandy no solo canta: celebra, honra y sostiene una herencia merenguera del siglo XX.

Y lo está haciendo de manera admirable. Hace tan solo un mes lanzó el álbum navideño “El Legado del Caballo Vol. 3: Llegó Navidad”, y tiene programadas residencias y conciertos en Santo Domingo para revivir la esencia de su padre en un formato cercano y bailable.

En marzo pasado, los días 22 y 29, los sábados 22 y 29 de marzo, presentó un espectáculo (“Johnny Vive: La Residencia”), bajo la producción general de René Brea y la dirección musical del maestro Henry Jiménez.

RAFELY ROSARIO

En la familia Rosario, el merengue es ADN, Rafely lo aprendió mirando a su padre, Rafa Rosario, y escuchando el inconfundible ritmo a lo maco de Los Hermanos Rosario.

De esa escuela salió un cantante que ya probó la fama desde dentro de la agrupación entre 2005 y 2008 y luego como solista a partir de la pegada de “La camisa negra”, versión en merengue del tema popularizado por Juanes.

Luego vinieron los años de intento y tropiezos hasta relanzarse en 2024 con el tema “Mujer bonita”, que incluso lo llevó a ganar la categoría “Merengue del año”, su primer Premio Soberano en 19 años de carrera.

En 2025 mantiene su orquesta y ha llevado su música al exterior. Ha realizado una gira por ciudades de Colombia (Bogotá, Barranquilla, Cartagena) y ha continuado con shows en Estados Unidos (Nueva York, Boston, New Jersey), consolidando su proyección internacional.

ZULINKA PÉREZ

Hasta la muerte de su padre Rubby Pérez en la tragedia de la discoteca Jet Set, el 8 de abril de 2025, Zulinka se desempeñaba como corista en su orquesta.

Tras el fallecimiento de Rubby Pérez, Zulinka, junto a su esposo Miguel Báez (también músico de la orquesta), tomaron la decisión de continuar en la música.

Desde hace un semestre los esposos han lanzado su propuesta, que incluya una versión en merengue de “Te lo agradezco” de Kanny García, y “Color de Rosa”, que en la voz de Rubby Pérez se convirtió en símbolo de la tragedia de Jet Set.

En los últimos meses han protagonizado presentaciones en vivo, tanto en República Dominicana (Maunaloa Night Club, el 24 de mayo) y el extranjero (United Palace en Nueva York y homenajes en Venezuela), recibiendo el apodo de “La pantera del merengue”.

ALINA VARGAS

El contacto entre Alina Vargas y el público inició cantando en hoteles a los 17 años. Su padre, Wilfrido Vargas, la animó a que fuera a un casting y quedó seleccionada. Luego fue a verla cantar y la contrató para ser parte de su orquesta en la que permaneció durante 11 años.

Alina lo intentó con su agrupación como merenguera, pero la actuación terminó atrapándola. Actualmente se divide en ambos roles del arte.

EN OTRAS FACETAS

Varios son los merengueros que han procreado hijos que también ha seguido en la música, pero no necesariamente como merengueros. En algunos casos se van a otros ritmos o facetas. Ramón Orlando Valoy, por ejemplo, es padre de Yura, quien ha debutado en la salsa y las fusiones. Milly Quezada por igual tiene dos hijos-artistas, pero sin trascender aun. En el caso de Perla Marola, la hija de Sergio Vargas, habrá que esperar sus decisiones artísticas.

Otros hijos, como los de Toño Rosario (Ángel y Checho Rosario), no terminan de lograr la pegada. Mery Hernández conocida como “la India Canela”, intérprete y acordeonista, procreó a su hija Esmeralda, quien le siguió los pasos en la música, pero en el área urbana.

MERENGUERO TÍPICO

En el merengue típico también hay una larga tradición con ejemplos como el maestro Rafelito Román con sus hijos Raúl y Nixon. Los tres son expertos en el acordeón.

Por igual, María Díaz la Reyna tiene sucesión en su hijo, el joven percusionista Bralen Robles y líder del Grupo D’ Ahora, Bebé Drums o Bebé Tambora. Él fue procreado junto al tamborero Juan Robles “el Viejo Puro”, quien formó parte de la agrupación del Ciego de Nagua.

Asimismo, Vinicio López, el cantante de Banda Real, tiene dos hijos que han incursionado en el ‘perico ripiao’ como los Hermanos López (nombres).

“El Hombre Acordeón”, Lupe Valerio, es raíz de una dinastía con varios hijos, entre ellos la acordeonista Ruvali Valerio, que presentó sus credenciales independientes con su propio grupo.

Otro merenguero típico legendario es Ramón Martínez, director de la Escuela Perico Ripiao, con fuertes genes musicales que se evidencia en Yocaira Martínez (la Doncella del Acordeón).

Mariano Hernández “El Potro” contagió a sus herederos Rolanyi Hernández ’la Muñeca Típica’ y Orlandito Sax, lo que garantiza que dejará descendencia en nuestra música.

En el siglo XX, Francisco García Henríquez, el legendario músico Tatico Henríquez heredó de su padre Juan- Bolo -Henríquez, quien lo formó musicalmente. Luego, Tatico le enseñó a tocar acordeón a su hijo Fari.

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