Santiago no durmió temprano.

La primera de dos funciones de Juan Luis Guerra en la Gran Arena del Cibao se vivió como una celebración colectiva, donde la música fue el idioma común y la emoción marcó el ritmo de la noche.

Desde que se abrieron las puertas, el flujo de personas hacia el recinto fue constante. La Gran Arena lucía a su máxima capacidad, confirmando que cada visita del artista a la Ciudad Corazón se transforma en un acontecimiento que trasciende lo artístico.

El espectáculo inició con una descarga de energía que puso de pie a todos los presentes. La banda, impecable y poderosa, dio paso a un repertorio que alternó merengues vibrantes y bachatas cargadas de sentimiento. Cada tema era recibido como un himno; cada coro, repetido por miles de voces al unísono.

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