Las aulas del sistema educativo público dominicano están cada vez más llenas. Los datos oficiales del período escolar 2024-2025 confirman lo que maestros, padres y estudiantes viven a diario: escuelas saturadas en las zonas urbanas y planteles con carencias estructurales en las provincias más pobres.
En promedio, una aula pública en el país alberga cerca de 29 estudiantes, pero esa cifra se dispara en varias regiones, donde hay cursos con más de 40 alumnos bajo la responsabilidad de un solo docente. La realidad cambia de una provincia a otra, pero el problema es el mismo: el crecimiento de la matrícula no ha ido al mismo ritmo que la construcción de escuelas, aulas y la contratación de maestros.
El Gran Santo Domingo: donde las escuelas ya no dan abasto
En el Gran Santo Domingo se concentra la mayor presión del sistema. Distritos educativos de Santo Domingo Norte, Este y Oeste registran entre 390 y más de 410 estudiantes por centro educativo, con aulas que llegan a tener entre 38 y 47 alumnos.
En sectores como Los Alcarrizos, Pedro Brand, Villa Mella, Sabana Perdida y Mendoza, los maestros enfrentan grupos numerosos que hacen difícil atender a cada estudiante como se requiere. En muchos casos, un docente tiene a su cargo hasta 20 o más estudiantes, una carga que limita el seguimiento académico y la atención a problemas de aprendizaje.
Este panorama está directamente relacionado con el crecimiento acelerado de la población, la migración interna hacia la capital y la falta de nuevas escuelas en zonas que se expandieron más rápido de lo previsto.
Santiago: muchas escuelas, muchos estudiantes
En Santiago, la segunda provincia más poblada del país, la situación no es muy distinta. Los centros educativos superan los 270 estudiantes por plantel, con aulas que rondan o superan los 30 alumnos.
Aunque Santiago cuenta con más aulas y una estructura educativa algo más organizada que el Gran Santo Domingo, la alta cantidad de estudiantes sigue generando presión dentro de las escuelas, especialmente en los distritos de la zona urbana.
San Cristóbal y San Pedro: presión que se extiende fuera de la capital
La saturación escolar no se limita a la capital. En San Cristóbal, hay distritos donde las aulas llegan a 46 estudiantes, una cifra que dificulta cualquier intento de educación personalizada.
Algo similar ocurre en San Pedro de Macorís, donde el promedio de estudiantes por centro supera los 250, con cursos que rondan los 30 alumnos por aula, sobre todo en los municipios más urbanizados.
En la frontera hay menos alumnos, pero más carencias
En las provincias fronterizas, como Bahoruco, Pedernales y Monte Cristi, las escuelas tienen menos estudiantes, con promedios que van de 145 a 180 alumnos por centro.
Pero menos estudiantes no significa mejores condiciones. En muchos de estos planteles faltan aulas adecuadas, docentes especializados y recursos básicos. Las escuelas operan con lo mínimo, en comunidades marcadas por la pobreza, la migración y la falta de oportunidades.
El Este crece… y las escuelas se quedan atrás
La región Este refleja otra realidad. En La Altagracia, el crecimiento del turismo y la migración laboral ha provocado que las aulas superen los 37 estudiantes, especialmente en Higüey y zonas cercanas.
El aumento de la población ha sido más rápido que la expansión del sistema educativo, y eso se traduce en cursos llenos y maestros con una carga cada vez mayor.
Dos países dentro de una misma escuela pública
Las cifras del Ministerio de Educación muestran un sistema educativo con dos realidades muy distintas. En las grandes ciudades, el problema es la sobrepoblación en las aulas. En las zonas rurales y fronterizas, el reto sigue siendo la falta de infraestructura y recursos.
En ambos casos, el impacto recae sobre los estudiantes y los docentes. Mientras unos aprenden en aulas abarrotadas, otros lo hacen en escuelas con limitaciones básicas. El desafío no es solo tener más estudiantes inscritos, sino garantizar condiciones dignas para aprender y enseñar.
A las puertas de nuevos períodos escolares, los números dejan una pregunta abierta: ¿hasta cuándo el sistema educativo podrá seguir creciendo sin una planificación que equilibre población, infraestructura y calidad?