El sistema educativo dominicano muestra una paradoja silenciosa que se repite de provincia en provincia: hay más estudiantes varones matriculados en términos generales, pero son las hembras las que logran sostenerse y avanzar con mayor fuerza hasta el nivel secundario. Los datos oficiales, desagregados por sexo, nivel y territorio, revelan un patrón que atraviesa todo el país y que expone con crudeza el impacto diferenciado de la deserción escolar.

A nivel nacional, el sistema educativo registra 2,612,882 estudiantes. De ese total, 1,311,716 son varones y 1,301,166 son hembras. La diferencia es mínima y, a simple vista, parecería que el acceso es casi igual. Sin embargo, el problema no está en quién entra a la escuela, sino en quién logra quedarse.

El quiebre ocurre en secundaria

En el nivel inicial, la matrícula está prácticamente pareja: 197,133 varones y 195,759 hembras. En primaria, los varones pasan a ser mayoría, con 599,730, frente a 562,575 hembras. Pero al llegar a secundaria ocurre un cambio importante: las hembras superan a los varones, con 449,493 estudiantes femeninas frente a 412,367 masculinos.

Esa diferencia no es casual. Responde, en gran medida, a una mayor deserción escolar entre los varones, que abandonan la escuela para trabajar, migrar o simplemente se desconectan del sistema educativo.

Las provincias fronterizas muestran la brecha más clara

En provincias como Dajabón, Elías Piña, Independencia, Bahoruco, Pedernales y Monte Cristi, el patrón se repite con claridad. En primaria, los varones suelen ser mayoría, pero en secundaria esa ventaja desaparece o se invierte.

Por ejemplo, en Elías Piña, hay más varones en primaria, pero en secundaria las cifras se equilibran y luego caen. En Independencia, las hembras superan a los varones en secundaria, mientras muchos adolescentes abandonan el sistema antes de completar el ciclo.

Estas provincias, marcadas por pobreza, migración y trabajo informal, reflejan cómo los varones son empujados fuera de las aulas más temprano.

El Este turístico no escapa al problema

En La Altagracia, una de las provincias con mayor matrícula del país, hay 112,956 estudiantes. Aunque el total es bastante equilibrado entre sexos, en secundaria las hembras son más, con 18,267 frente a 15,586 varones.

En La Romana ocurre algo similar: los varones dominan en primaria, pero las hembras resisten más en secundaria, mientras muchos adolescentes dejan la escuela para insertarse en actividades laborales.

El Gran Santo Domingo: muchos estudiantes, mismo patrón

En Santo Domingo, donde se concentra la mayor cantidad de estudiantes del país, hay 721,297 matriculados. Los números generales están casi iguales entre varones y hembras, pero en secundaria las hembras vuelven a ser mayoría, con 123,394 frente a 113,784 varones.

En el Distrito Nacional, la situación es parecida: los varones entran, pero se quedan menos.

Esto demuestra que el problema no es solo rural o fronterizo. También ocurre en las zonas urbanas, donde hay más centros educativos y más servicios.

El Cibao confirma la tendencia

En Santiago, la segunda provincia con más estudiantes del país, hay 230,647 matriculados. En secundaria, 40,866 son hembras y 36,734 varones.

En La Vega, Duarte, Espaillat, Monseñor Nouel, Sánchez Ramírez y Santiago Rodríguez, los datos repiten el mismo comportamiento: más varones al inicio, más hembras al final del trayecto escolar.

Educación de adultos: el regreso tardío de los varones

Un dato que llama la atención aparece en la educación de adultos. En varias provincias, como San Cristóbal, Santo Domingo y Santiago, hay más varones que hembras en este nivel.

Esto sugiere que muchos hombres abandonaron la escuela en su juventud y luego intentan regresar años después, cuando las oportunidades laborales se reducen o cuando el sistema les exige certificaciones.

Más que números, una señal de alerta

Los datos dejan claro que la deserción escolar tiene rostro masculino. Los varones abandonan la escuela antes, sobre todo en secundaria, mientras que las hembras logran mantenerse con mayor constancia.

Las razones son conocidas: trabajo temprano, presión económica, embarazos no planificados que afectan a las hembras pero expulsan a los varones hacia el mercado laboral, modelos culturales que empujan a “resolver” antes que a estudiar, y un sistema educativo que no logra retener a los adolescentes.

Un sistema que pierde estudiantes en el camino

La educación dominicana no enfrenta solo un reto de cobertura, sino de permanencia. El hecho de que haya más varones matriculados, pero menos varones graduándose, revela una falla estructural que sigue sin atenderse de forma integral.

Al final, los números cuentan una historia sencilla y preocupante: los niños entran a la escuela, pero muchos no llegan al final. Y mientras eso no cambie, la desigualdad seguirá creciendo, provincia por provincia, aula por aula.

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