Many hands stretched to man on dark background. Panic attack

La ansiedad es una de las afecciones de salud mental más comunes y puede presentarse en personas de cualquier edad. Especialistas explican que, aunque se trata de una respuesta natural del organismo ante situaciones de estrés o peligro, se convierte en un problema cuando es persistente, intensa y comienza a interferir con la vida diaria.

Entre las principales causas figuran el estrés prolongado, los problemas económicos, la inseguridad, los conflictos familiares, las experiencias traumáticas y la sobrecarga laboral. A estos factores se suman elementos biológicos y genéticos, así como el consumo excesivo de cafeína, alcohol o sustancias psicoactivas, que pueden detonar o agravar los episodios de ansiedad.

Los síntomas se manifiestan tanto a nivel emocional como físico. Las personas suelen experimentar preocupación constante, miedo sin causa aparente, irritabilidad, dificultad para concentrarse y alteraciones del sueño. En el plano físico, son frecuentes las palpitaciones, la sudoración, los temblores, la sensación de falta de aire, la opresión en el pecho, los mareos y los problemas digestivos. En casos más severos, la ansiedad puede derivar en ataques de pánico.

Cuando no es tratada, la ansiedad afecta el desempeño laboral y académico, deteriora las relaciones personales y puede llevar al aislamiento social. Especialistas advierten que también aumenta el riesgo de depresión y de problemas cardiovasculares, además de favorecer conductas de evasión como el consumo de alcohol u otras sustancias.

Los expertos señalan que la ansiedad es tratable y que la atención temprana es clave. El abordaje suele incluir psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a modificar pensamientos negativos y conductas asociadas al miedo. En determinados casos, el tratamiento se complementa con medicamentos, siempre bajo evaluación médica.

Para contrarrestarla, los especialistas recomiendan mantener hábitos saludables, como rutinas de sueño regulares, actividad física frecuente, técnicas de respiración y relajación, así como reducir el consumo de estimulantes. También subrayan la importancia de hablar del tema sin estigmas y buscar ayuda profesional cuando los síntomas persisten, recordando que la salud mental es parte fundamental del bienestar integral.

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