Lety Bonín, Miami.- Ahora resulta que Nicolás Maduro y Cilia Flores eran los únicos responsables de lo que ocurrió durante tantos años en Venezuela. ¿Y Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y el resto de la cúpula chavista? ¿No tuvieron nada que ver?
Es difícil creer que un régimen que persiguió, encarceló y torturó a miles de venezolanospudiera sostenerse durante tantos años gracias a dos personas. Para eso hizo falta toda una estructura política, militar y de inteligencia. Una estructura que no desapareció con la captura de Maduro y de la que buena parte sigue ocupando posiciones de poder.
Washington primero levantó las sanciones a Delcy Rodríguez y ahora hizo lo mismo con su hermano Jorge. Ninguno de los dos era un funcionario cualquiera. Ambos estuvieron durante años en el círculo más cercano a Maduro y ocuparon puestos importantes dentro del chavismo.
Es cierto que una transición política necesita tiempo, negociaciones y acuerdos, incluso con quienes formaron parte del régimen. Nadie puede pretender que Venezuela cambie de la noche a la mañana. Pero una cosa es entender esa realidad y otra es la complacencia que parece mostrar Washington con figuras que hasta hace poco estaban sancionadas por Estados Unidos.
Y vuelve a aparecer aquella vieja política de “es un dictador, pero es nuestro dictador”. Mientras responda a los intereses de Washington, lo demás parece importar bastante menos.
Porque Delcy y Jorge Rodríguez no acaban de llegar a la política venezolana. Estuvieron allí durante los años de mayor represión, formaron parte del gobierno y contribuyeron a sostenerlo. El cambio de relación con Estados Unidos no borra esa historia ni las responsabilidades que puedan corresponderles.
Y queda Diosdado Cabello, otra de las figuras más poderosas del chavismo. ¿También llegará el momento de levantarle las sanciones y tratarlo como si nada hubiera pasado?
Maduro y Cilia Flores deben responder ante la justicia por los delitos que se les imputan, con todas las garantías de un proceso judicial. Pero sería absurdo presentar lo ocurrido en Venezuela como si todo hubiera sido responsabilidad exclusiva de ambos.
Tampoco se trata de rechazar cualquier negociación. Venezuela necesita una salida política y una transición que no termine provocando más sufrimiento a su población. Lo preocupante es que, en nombre de esa transición, las responsabilidades por los abusos cometidos durante años terminen quedando en el olvido.
Porque hubo personas encarceladas por pensar diferente, denuncias de torturas, familias separadas y millones de venezolanos obligados a buscar una vida fuera de su país. Nada de eso desaparece porque Washington decida cambiar su relación con determinados dirigentes.
La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos en sus acuerdos con quienes todavía controlan buena parte del poder en Venezuela y qué lugar ocupa la justicia en esas negociaciones.
Una transición puede exigir concesiones políticas. Lo que no debería exigir es hacer como si quienes ayudaron a sostener el régimen no tuvieran ninguna responsabilidad.
Maduro y Cilia Flores no gobernaron solos. Y las víctimas tampoco pueden quedar solas esperando justicia.
