Un informe oficial de la Dirección General de Medicamentos, Alimentos y Productos Sanitarios (Digemaps) ha puesto bajo escrutinio las prácticas de prescripción, manipulación y dispensación de suplementos y medicamentos en un consultorio privado donde se atendía a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Acciones de la autoridad

La investigación, fechada el 9 de abril de 2026, se originó a partir de una denuncia pública y derivó en una inspección al consultorio del doctor José Ernesto Fadul.

Allí, las autoridades comprobaron que productos adquiridos en farmacias privadas eran posteriormente fraccionados, reenvasados y entregados a pacientes sin cumplir con los requisitos mínimos de trazabilidad y control sanitario.

Según el informe, estas prácticas incluyen la manipulación de medicamentos y suplementos fuera de los canales autorizados, así como su redistribución sin etiquetado adecuado ni información verificable sobre lote, origen o fecha de vencimiento.

  • Digemaps advierte que este tipo de intervención compromete la seguridad de los productos y vulnera las disposiciones de la Ley General de Salud 42-01 y la Ley 246-06 sobre medicamentos.

Uno de los elementos más relevantes del documento es el resultado de los análisis de laboratorio realizados a varias muestras incautadas. En el caso de los llamados «complejos de aminoácidos», los estudios confirmaron la presencia de compuestos como glicina, lisina, leucina, valina, arginina y fenilalanina, entre otros.

Sin embargo, las tabletas evaluadas no superaron pruebas básicas de calidad, como la desintegración, requisito fundamental para garantizar que el organismo pueda absorber adecuadamente los principios activos.

Aunque los productos contenían ingredientes reales, su efectividad terapéutica no podía ser garantizada. Se comprobó, además, la ausencia de condiciones adecuadas de almacenamiento y manejo, lo que puede alterar aún más su estabilidad.

El informe también incluye el análisis de cápsulas de aminoácidos y de un complejo vitamínico del grupo B. En este último se identificaron vitaminas como tiamina (B1), riboflavina (B2), nicotinamida (B3), piridoxina (B6) y cianocobalamina (B12), cuyos niveles coincidían con lo esperado.

No obstante, Digemaps subraya que la validez de estos productos queda comprometida al ser dispensados fuera del circuito regulado.

Entre los productos identificados en las evidencias figuran suplementos comerciales como «Universal 100% Beef Aminos» y «Orgain Collagen Peptides«, los cuales fueron reempacados y distribuidos en presentaciones distintas a las originales, alterando su condición de comercialización.

Las autoridades consideran especialmente delicado que estas prácticas se realizaran en pacientes pediátricos con condiciones neurológicas, lo que incrementa el riesgo sanitario. En consecuencia, Digemaps ordenó el cese inmediato de la manipulación, reenvasado y entrega de estos productos, así como la canalización de cualquier donación a través de los mecanismos oficiales del Estado.

El caso permanece bajo evaluación jurídica y podría derivar en sanciones administrativas.

Lo que dice la ciencia

No hay evidencia sólida de que suplementos (aminoácidos, vitaminas, colágeno) curen el autismo.

El abordaje del Trastorno del Espectro Autista (TEA) no se basa en un «medicamento único», sino en un conjunto de intervenciones estructuradas, tempranas y sostenidas, respaldadas por evidencia científica. Los tratamientos apuntan a mejorar habilidades, reducir dificultades y favorecer la autonomía, no a «curar» el autismo.

El tratamiento del TEA se apoya, ante todo, en intervenciones conductuales y educativas estructuradas, como el Análisis Conductual Aplicado que han mostrado eficacia en el desarrollo del lenguaje, la atención y la interacción social, especialmente cuando se aplican de forma intensiva y temprana.

A esto se suman la terapia del lenguaje, los enfoques educativos estructurados y los programas de habilidades sociales.

El papel de los medicamentos es complementario y específico y, de acuerdo a la literatura científica, no existe un fármaco que trate el autismo en sí, pero algunos pueden ser útiles para manejar síntomas asociados como irritabilidad, agresividad, ansiedad o hiperactividad, siempre bajo estricta supervisión médica.

Su valor terapéutico radica en facilitar el proceso global —mejorando la conducta o la regulación emocional—, pero no sustituyen las terapias principales ni modifican el núcleo del trastorno.

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