El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), principal órgano internacional de las Naciones Unidas, ha advertido que el calentamiento global provocado por las emisiones humanas intensifica las lluvias extremas, las olas de calor y los ciclones tropicales.
A pocos días del inicio de la temporada de huracanes del Atlántico, el próximo 1 de junio, República Dominicana enfrenta grandes desafíos, debido a los acumulados de lluvias y a su impacto ambiental, social y económico.
En el Gran Santo Domingo todavía permanecen en la memoria las precipitaciones del 4 de noviembre de 2022 y las del 17 y 18 de noviembre de 2023, que dejaron muertos, heridos, desplazados, severas inundaciones en calles, a viviendas, vehículos y edificios, con pérdidas millonarias e irrecuperables.

Este reportaje, trae datos amplios de cómo los gases de efecto invernadero (GEI), además de otros factores de ordenamiento territorial y de eficiencia municipal, están trastornando las vidas de los dominicanos cada vez que llueve de forma copiosa y sorpresiva.
El experto en meteorología Jean Suriel explicó que el 4 de noviembre de 2022 se registraron 267 milímetros de lluvia, mientras que entre el 17 y 18 de noviembre de 2023 cayeron 431 milímetros.

A estos eventos se suman las lluvias del 8 de abril de este año, que durante ocho horas afectaron al Gran Santo Domingo y otras zonas del país, dejando acumulados de hasta 408 milímetros. La ciudad quedó prácticamente bajo agua.
Especialistas en meteorología y medioambiente sostienen que el calentamiento de los océanos favorece huracanes más intensos y precipitaciones más severas.
La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) documenta que el aumento de la temperatura marina contribuye al fortalecimiento de fenómenos atmosféricos extremos.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido que el Caribe figura entre las regiones más vulnerables al incremento de eventos climáticos extremos, situación agravada por el calentamiento global.
Un reportaje publicado en el País de España indicaba que, en el Caribe y el Atlántico tropical, las aguas más calientes favorecen una mayor evaporación y aumentan la energía disponible para tormentas tropicales, huracanes y lluvias intensas.
Científicos del advierten que cada grado adicional de calentamiento permite que la atmósfera retenga cerca de un 7 % más de vapor de agua, aumentando la intensidad de precipitaciones extremas.
En la República Dominicana esto se traduce en inundaciones urbanas más frecuentes, crecidas repentinas de ríos, sequías prolongadas, olas de calor y temporadas ciclónicas más peligrosas.
En la misma línea, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente vincula la contaminación atmosférica y las emisiones de gases de efecto invernadero con el agravamiento de la crisis climática.
El aumento del dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero está directamente relacionado con el calentamiento del mar Caribe y del océano Atlántico, así como con el incremento de eventos meteorológicos extremos en República Dominicana.
Aunque el país apenas aporta el 0.06 % de las emisiones globales de CO₂, la quema de combustibles fósiles, como petróleo, carbón y gas natural, libera gases que atrapan el calor en la atmósfera y elevan la temperatura global. Parte de ese calor es absorbido por los océanos, provocando un calentamiento sostenido de las aguas marinas.
METAS CLIMÁTICAS Y MEDICIÓN DE EMISIONES
El Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mecanismo de Desarrollo Limpio aseguró que República Dominicana se comprometió a reducir en un 27 % sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, bajo el escenario Business As Usual (BAU).
El decreto 541-20 creó el Sistema Nacional de Medición, Reporte y Verificación de Gases de Efecto Invernadero (MRV), con el objetivo de contabilizar emisiones, ejecutar acciones de mitigación y facilitar financiamiento climático.
La finalidad del MRV es establecer un esquema de medición, reporte y verificación de emisiones sustentado en registros estadísticos precisos que permitan ejecutar políticas climáticas puntuales.
El sistema está integrado por:
a) Sistema del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (INGEI).
b) Sistema de Registro de Acciones de Mitigación de Emisiones.
c) Sistema de Registro de Apoyo y Financiamiento para mitigación y adaptación climática.
El “Informe del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero” establece que los sectores con mayor impacto en emisiones son energía (59.8 %), agricultura (15.4 %), uso de la tierra (10.7 %), residuos (10.5 %) e industrias (3.7 %).
El informe también identifica la quema de combustibles como una de las principales fuentes de emisiones contaminantes en el país.
La investigación divide el sistema energético nacional entre generación eléctrica, transporte, industria y sectores comerciales y residenciales.
Las industrias energéticas representan el 55.8 % de las emisiones de esta categoría, seguidas por transporte (26.5 %), industrias manufactureras y construcción (11.2 %) y otros sectores que incluye los residuos sólidos (6.1 %).
Las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero en el país son la generación eléctrica basada en combustibles fósiles, el transporte vehicular, la industria, la agricultura y los residuos sólidos.
A enero de este año, la capacidad instalada nominal por fuente energética estaba distribuida entre gas natural (28 %), energía solar (22 %), fuel oil (18 %), carbón (15 %), hidroeléctrica (9 %), eólica (7 %) y biomasa (1 %).

La NOAA señala que la forma más precisa de comparar contaminación energética es mediante emisiones de CO₂ equivalente por kilovatio-hora generado.
El carbón encabeza el ranking de contaminación con emisiones de entre 820 y 1,000 gCO₂e/kWh. Le siguen el fuel oil o petróleo, con 650 a 900; el gas natural, entre 450 y 550; la energía solar, de 20 a 60; la hidroeléctrica, entre 4 y 50; y la eólica, entre 3 y 20.
La energía basada en carbón es considerada la más contaminante debido a sus elevadas emisiones de CO₂, azufre, mercurio y partículas nocivas, responsables de enfermedades respiratorias y daños ambientales.
El fuel oil también genera altos niveles de contaminación atmosférica y marina, mientras que el gas natural es visto como una fuente de transición porque, aunque emite menos CO₂, continúa siendo un combustible fósil.
En contraste, la energía solar, hidroeléctrica y eólica presentan menores niveles de contaminación durante su operación, aunque también generan impactos ambientales relacionados con minería, residuos tecnológicos y alteraciones ecosistémicas.
Especialistas coinciden en que ninguna fuente energética es completamente limpia, pero las energías renovables producen una huella ambiental significativamente menor durante su vida útil.
TRANSPORTE Y CONTAMINACIÓN URBANA
En República Dominicana, el transporte figura entre las principales fuentes de contaminación urbana, especialmente en el Distrito Nacional, Santo Domingo, Santiago, La Vega, San Cristóbal, La Altagracia, La Romana, Duarte, Puerto Plata y San Pedro de Macorís.

En estas provincias se concentra gran parte de los más de seis millones de vehículos registrados en el país.
Datos del Observatorio Permanente de Seguridad Vial del Intrant indican que el parque vehicular está compuesto por más de 3.5 millones de motocicletas (57 %), 1.15 millones de jeepetas (18.7 %), más de 700 mil automóviles (11.9 %) y más de 500 mil vehículos de carga (8.9 %).

Los vehículos diésel antiguos figuran entre los más contaminantes. Un automóvil fabricado entre 1998 y 2005 puede emitir entre dos y cinco veces más contaminación que uno moderno.
Las jeepetas de gran tamaño y los vehículos con motores de alto cilindraje también generan mayores emisiones debido a su elevado consumo de combustible.
Aunque los vehículos híbridos y eléctricos presentan menores niveles de contaminación, todavía representan menos del 1 % del mercado nacional.
En términos ambientales, la gasolina emite más CO₂, mientras que el diésel produce mayores cantidades de humo tóxico y óxidos de nitrógeno, perjudiciales para la salud urbana.
Los vehículos eléctricos prácticamente no generan emisiones durante su uso, aunque sí producen impactos ambientales asociados a la fabricación de baterías y extracción de minerales.

TRANSPORTE PÚBLICO Y MOVILIDAD SOSTENIBLE
Especialistas consideran que uno de los principales problemas del país no es únicamente el combustible utilizado, sino también la falta de mantenimiento vehicular, la eliminación de catalizadores, el humo negro y los prolongados congestionamientos.
Una propuesta recurrente para reducir la contaminación urbana es fortalecer el transporte público eficiente y moderno, aunque persisten obstáculos económicos y estructurales para sustituir vehículos obsoletos.
El uso de bicicletas y otras alternativas de movilidad sostenible también es considerado fundamental, siempre que las ciudades desarrollen infraestructuras más amigables y seguras para los ciudadanos.

República Dominicana enfrenta una creciente amenaza climática marcada por lluvias extremas, aumento de temperaturas y contaminación ambiental. Los eventos ocurridos en los últimos años evidencian cómo el calentamiento de los océanos intensifica fenómenos atmosféricos capaces de provocar inundaciones severas, pérdidas humanas y daños económicos.
Aunque el país tiene una baja participación en las emisiones globales de CO₂, su vulnerabilidad geográfica lo coloca entre las naciones más expuestas del Caribe. El calentamiento del mar Caribe y del Atlántico favorece huracanes más intensos y precipitaciones extraordinarias, situación agravada por el uso de combustibles fósiles y el crecimiento del parque vehicular.
El sector energético y el transporte continúan siendo las principales fuentes de contaminación nacional. La dependencia de carbón, fuel oil y gas natural mantiene elevados niveles de emisiones contaminantes y riesgos para la salud pública.
A pesar del crecimiento de la energía solar y eólica, expertos advierten que la transición energética requiere políticas más agresivas, inversión en transporte público y fortalecimiento institucional.
La crisis climática ya no representa una amenaza futura para República Dominicana, sino una realidad visible en inundaciones urbanas, deterioro ambiental y presión sobre los servicios públicos y ecosistemas nacionales.

