Marilyn Monroe pasó a la historia como uno de los rostros más reconocibles del cine y la cultura popular. Sin embargo, detrás de la imagen de glamour que la convirtió en un mito mundial existía una actriz comprometida con su oficio, una mujer que luchó por el control de su carrera y una pionera que desafió las reglas de Hollywood en una época dominada por los grandes estudios.
A un siglo de su nacimiento, especialistas e historiadores coinciden en que la figura de Monroe fue mucho más compleja que el estereotipo de rubia sensual que durante décadas eclipsó su verdadero legado artístico.
“Marilyn Monroe era, en sí misma, la actuación definitiva. Esa no era realmente ella. Ella era Norma Jeane Baker. La creación de ‘Marilyn Monroe’ fue la actuación suprema”, explicó a EFE Emily Carman, profesora asociada de Cine y Artes Mediáticas de la Universidad Chapman.
La actriz nació como Norma Jeane Baker y tuvo una infancia marcada por la inestabilidad familiar, experiencias traumáticas y dificultades económicas. Tras iniciarse como modelo, encontró en el cine una oportunidad para construir una nueva vida, aunque el camino hacia el éxito estuvo lejos de ser sencillo.
Después de firmar con 20th Century Fox, comenzó a destacar en papeles secundarios hasta alcanzar la fama internacional con películas como Niagara (1953), Gentlemen Prefer Blondes (1953) y How to Marry a Millionaire (1953), producciones que consolidaron su imagen como una de las grandes estrellas de la época.
No obstante, los personajes de mujer ingenua o interesada que interpretó con frecuencia, sumados a la etiqueta de símbolo sexual que la acompañó durante toda su carrera, terminaron ocultando una faceta menos conocida: la de una actriz estudiosa y perfeccionista.
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Más que un ícono de belleza
Para Emily Carman, uno de los mayores errores en torno a Monroe ha sido subestimar su talento interpretativo.
“Existe un gran malentendido sobre su capacidad como actriz”, afirmó la académica, quien sostiene que la estrella fue una de las figuras clave en la introducción de la actuación de método en Hollywood, una técnica asociada tradicionalmente a figuras masculinas como Marlon Brando o James Dean.
En 1954, cansada de ser encasillada en los mismos personajes y de las desigualdades salariales dentro de la industria, Monroe desafió a los ejecutivos de Fox y rechazó participar en la película The Girl in Pink Tights.
La decisión fue considerada arriesgada, ya que se encontraba en uno de los momentos más exitosos de su carrera. Sin embargo, optó por mudarse a Nueva York para estudiar actuación con Lee Strasberg en el prestigioso Actors Studio.
“Fue una actriz muy seria, incluso cuando interpretaba personajes que explotaban la imagen de la rubia ingenua”, destacó Carman.
La estrella que tomó el control de su carrera
La rebeldía de Monroe no se limitó a la actuación. En una época en la que los estudios controlaban prácticamente todos los aspectos de la vida profesional de los artistas, decidió dar un paso inusual para una mujer de su tiempo.
En 1955 fundó Marilyn Monroe Productions junto al fotógrafo Milton H. Greene, convirtiéndose en una de las primeras actrices en crear su propia productora independiente.
La iniciativa buscaba no solo mejorar sus ingresos, sino también obtener el reconocimiento artístico que sentía que Hollywood le negaba.
Gracias a esa estrategia regresó a Fox bajo nuevas condiciones y protagonizó Bus Stop (1956), una película que le permitió demostrar una faceta más dramática y compleja.
Posteriormente produjo The Prince and the Showgirl (1957), filme que le valió una nominación al BAFTA y el premio David di Donatello como mejor actriz extranjera.
El papel que siempre buscó
Para muchos críticos, el punto más alto de su carrera llegó con The Misfits (1961), considerada una de sus interpretaciones más profundas.
El guion fue escrito por su entonces esposo, el dramaturgo Arthur Miller, y le ofreció un personaje alejado de los estereotipos que la habían acompañado durante años.
“En ‘The Misfits’ ella es la autoridad moral. Los hombres rinden cuentas ante ella por su explotación de la tierra, de los animales y, en cierto modo, de ella misma”, explicó Carman.
La película mostró a una Marilyn diferente: vulnerable, reflexiva y emocionalmente compleja, muy lejos de la imagen superficial que Hollywood había construido alrededor de ella.
Un legado que sigue vigente
Más de seis décadas después de su muerte, Marilyn Monroe continúa siendo una de las figuras más influyentes de la cultura popular. Su imagen permanece presente en la moda, el cine, la publicidad y las artes visuales, aunque muchos expertos consideran que su verdadero aporte artístico todavía no recibe el reconocimiento que merece.
“Su imagen es tan omnipresente a nivel mundial que, en muchos casos, se ha desconectado de sus propias películas. Por eso todavía podríamos estar perdiéndonos la verdadera profundidad de quién fue y cómo deberíamos entenderla”, concluyó Carman.
A cien años de su nacimiento, Monroe sigue siendo un símbolo de belleza y fama, pero también una actriz innovadora que desafió las normas de su tiempo y abrió el camino para que futuras generaciones de artistas reclamaran un mayor control sobre sus carreras.
